Juan Uslé. Ese barco en la montaña. Museo Reina Sofía. Foto LOGOPRESS

Cuarenta años de Juan Uslé en el Museo Reina Sofía.

El Museo Reina Sofía dedica una gran exposición a Juan Uslé «Ese barco en la montaña».

La exposición es una ventana abierta a cuarenta años en la historia del artista Juan Uslé. Un recorrido a través de sus pinturas, sus fotografías y sus dibujos que cuentan sus emociones, recuerdos y vivencias desde aquella primera fotografía sentado junto a sus padres y hermano con una sabrosa chocolatina en la mano. Esa imagen de familia que ha conservado y cuidado también le acompaña a lo largo de su vida y muestra de ello es que en la primera visita a la exposición han estado, siempre a su lado su mujer, artista y compañera Victoria Civera y su hija Vicky Uslé que ha heredado la creatividad y genialidad de sus progenitores.

Juan Uslé en el Museo Reina Sofía. Foto LOGOPRESS

Juan Uslé ha comentado que su obra refleja sus vivencias, su familia es fundamental «me dan fuerza, mi mujer, mi hija, mis pocholos que son mis nietos, me empujan a crear». Cuando llegamos a Nueva York sin idioma me pasaron muchas cosas, entre lo más maravilloso es que siempre encuentras a personas que te ayudan, ese momento es maravilloso». «Ahora con el paso del tiempo me queda el compromiso, sobre todo eso, el compromiso, queda un Juan que se protege mucho… pero sigo sintiéndome el mismo niño que pasaba muchas horas solo, observando los reflejos plateados en el río».

El director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, ha presentado la exposición Juan Uslé. Ese barco en la montaña, que muestra cuarenta años de trabajo de uno de nuestros artistas más destacados y de mayor proyección internacional, y se podrá ver desde el 26 de noviembre de 2025 hasta el 20 de abril de 2026 en la planta 1 del edificio Nouvel. En la presentación ha estado acompañado por el propio Juan Uslé y por el comisario de la muestra, Ángel Calvo Ulloa.

Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, ha anunciado la donación de tres obras que se encontraban en depósito en el Museo y que formarán parte de la Colección de manera permanente. Se trata de tres pequeñas pinturas que se expusieron en Documenta IX de 1992 y cuyos títulos son Guess-who, Pio-Peo y Engo-Engo 1992, que se pueden ver en la cuarta sala de la exposición.

Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía presenta la exposición de Juan Uslé junto al comisario Ángel Calvo Ulloa. Foto LOGOPRESS

Sus obras tienen título, «titulo mis pinturas porque en cada una de ellas hay una historia, algunas veces es una idea previa, tan sólo eso. No me gusta pintar palabras». En realidad la historia de la exposición puede que comience con una pequeña pintura sin título pero que marcará el rumbo de Uslé, se trata del hundimiento del buque Elorrio en 1960 en la costa de Langre (Cantabria).

La exposición Juan Uslé. Ese barco en la montaña ahonda en la extensa trayectoria artística de este artista nacido en Santander en 1954 y cuya residencia ha alternado entre Nueva York y Cantabria. Considerado uno de los artistas españoles más destacados y de mayor proyección internacional de las últimas décadas, Uslé se caracteriza por una exploración constante de la abstracción lírica, donde la pintura se convierte en ritmo, respiración y memoria, articulando un lenguaje visual profundamente íntimo que oscila entre lo gestual y lo geométrico.

Esta gran antológica, comisariada por Ángel Calvo Ulloa, podrá visitarse desde el 26 de noviembre de 2025 hasta el 20 de abril de 2026 en la Planta 1 del Edificio Nouvel del Museo Reina Sofía. La muestra recorre cuatro décadas de trabajo del artista y ha reunido cerca de un centenar de sus creaciones, pertenecientes a colecciones públicas y privadas, así como al fondo conservado por Juan Uslé y Victoria Civera. La exposición se organiza en un recorrido circular que se compone de once salas y que avanza de forma cronológica, a la vez que refleja las interrelaciones existentes entre las distintas series o familias de obras, que se van solapando en el tiempo. La selección de piezas pictóricas y fotográficas profundiza en las maneras en que Uslé crea, descubre, evoluciona y vuelve a visitar territorios e ideas a lo largo de su extensa trayectoria.

Ese barco en la montaña es la segunda exposición dedicada a Juan Uslé en el Museo Reina Sofía. La primera fue Open Rooms (2003), que se presentó en el Palacio de Velázquez e itineró por diferentes sedes internacionales. Más de veinte años después, esta nueva revisión a la trayectoria del artista toma como punto de arranque un acontecimiento que quedó grabado en su memoria: el hundimiento del buque Elorrio en 1960 en la costa de Langre (Cantabria), en un lugar próximo a la casa en que vivía Uslé con su familia. Ese hecho vinculado a su infancia es uno de los recuerdos que el artista rememora con más asiduidad, y comienza a plasmarlo en sus creaciones poco tiempo antes del momento en que él mismo atraviesa el Atlántico para instalarse en Nueva York.

Juan Uslé, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

La exposición incluye piezas de las diferentes series creadas por Juan Uslé, a las que suele denominar familias, tales como Soñé que revelabas (SQR), Celibataires, Rizomas, Nemasté, Manthis o The Last Dreams of Captain Nemo. El recorrido se inicia con series vinculadas a exposiciones ya icónicas como las realizadas en 1987 en la galería Montenegro (Madrid) y en 1988 en la galería Farideh Cadot (Nueva York), reunidas en la publicación Williamsburg (1989), y discurre a través de muchas otras muestras individuales, como Ultramar (1991), Festina Lente (1992), Peintures Celibataires (1994), Back & Forth (1996), Ojo roto (1996), Vanishing Lines (1998), Blind Entrance (1999), la propia Open rooms (2003), Nudos y Rizomas (2010), Soñé que revelabas (2014), Dark Light (2014) u Ojo y Paisaje (2021). Se subraya también la participación de Uslé en la documenta IX (1992) y la práctica fotográfica del artista, iniciada desde sus primeros pasos como pintor y consolidada como lenguaje con voz propia en la década de los noventa. El discurso expositivo pretende vincular vida y obra de Uslé, estableciendo paralelismos entre períodos y familias, que, aunque en apariencia distintas, permiten explorar el trabajo de un artista cuya versatilidad convive con la coherencia de su propósito.

Juan Uslé, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

El artista subraya algunas ideas recurrentes en su trabajo, como «la intención de no quedarse en la zona de confort del estilo», lo que le lleva a «un proceso de constante descubrimiento, de viaje o de periplo»; también «la indagación sobre distintos tipos de belleza, que no tiene por qué estar en lo evidente», o «la importancia de lo espacial y lo atmosférico, que a menudo dan lugar a una ambigüedad y a una complejidad que requieren de un tiempo largo de contemplación y escucha».

Ese barco en la montaña sitúa al visitante en un territorio que se halla entre lo vivido y lo soñado, un lugar entre la consciencia plena y el delirio onírico. La exposición recorre cuarenta años de trabajo del artista, donde lo cronológico y lo discursivo se entrelazan en una evolución marcada por la diversidad formal. La muestra establece conexiones entre familias de obras y experiencias vitales que han definido su trayectoria, desde las obras inspiradas en el tránsito atlántico hasta Soñé que revelabas, una serie clave que ha marcado el estilo de Juan Uslé durante los últimos treinta años.

Juan Uslé. Sin título, 1987. Técnica mixta sobre papel. 20 x 15,5 cm. Colección Uslé-Civera © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

Sala 1. Introducción a la muestra
La primera sala de la muestra cumple una doble función: actúa como punto de inicio y de cierre del recorrido circular, poniendo en diálogo tres obras tempranas de Juan Uslé, pintadas a finales de los años ochenta, con una obra reciente, producida entre los años 2024 y 2025. Así, en este primer espacio se presentan tres pequeños lienzos: Sin título (1987), Sin título (serie L’observatoire) (1988) y Sin título (serie Nemasté) (1990) en convivencia con el cuadro de gran formato Soñé que revelabas (Churchill) (2021).

El punto de arranque se sitúa en un acontecimiento que quedó grabado en la memoria de Uslé: el hundimiento del buque Elorrio en 1960 en la costa de Langre (Cantabria), en un lugar próximo a la casa en que vivía Uslé con su familia. Este hecho aborda no solo el recuerdo asociado a la niñez, sino también la incertidumbre ante el futuro y el peso de un presente, unos conceptos que en la pintura de Uslé han sido leídos a menudo desde una postura tan irónica como apesadumbrada.

En la sala se pueden ver ejemplos de la investigación y exploración artísticas desarrolladas por Uslé en un arco temporal de cuatro décadas, permitiendo explorar las conexiones existentes entre la pintura del tránsito Atlántico de finales de los años ochenta y uno de los cuadros más recientes de la familia Soñé que revelabas, una serie fundamental en la trayectoria del artista que ha venido desarrollando desde finales de los años noventa hasta la actualidad.

Sala 2
En la segunda sala de la muestra se reúnen obras realizadas por Uslé entre 1986 y 1989, un periodo de tránsito geográfico y emocional. Antes de su traslado a Nueva York en 1987, el artista había desarrollado su trabajo en un entorno natural y recogido situado en Cantabria. En 1986, dentro de la serie Río Cubas, pintó 1960 Boat at Sea (1986) y Casita del norte (1986). La primera obra desvela un episodio grabado en la memoria infantil de Uslé: la tragedia del buque Elorrio. La segunda representa un promontorio con una pequeña estructura que sirve de refugio elemental, lo imprescindible para poder pernoctar. Ambas piezas muestran la manera en que, tras una serie de creaciones matéricas y gestuales, de factura más impulsiva, su pintura «desemboca ahora en un hacer más trascendental, lírico e inquietante, que aporta una suerte de paisajismo en penumbra», en palabras del comisario.

En este momento de transición, en el que Juan Uslé y Victoria Civera se disponen a trasladarse de Cantabria a Nueva York, es cuando aflora el recuerdo del hundimiento del Elorrio, referido sobre todo a la manera en que el artista lo había interiorizado como un episodio inconcluso, donde se entrelazan la instantánea impresa en los medios de la época y la imagen moldeada por la memoria. 1960 Boat at the Sea recoge también las emociones del gran temporal que impidió el rescate de los marineros en el tramo final de su viaje trasatlántico.

En enero de 1987, Uslé cruza el océano Atlántico en dirección contraria al Elorrio y se instala en la ciudad de Nueva York. Según ha declarado el artista en varias ocasiones, su primer impulso en aquel nuevo escenario fue replicar aquel cuadro, pero «en esta segunda versión la montaña, o colina, no continuaba hacia tierra, sino que era el centro de una isla. Me aferraba a mi última imagen como el barco se aferraba a la tierra.»

Su primera residencia en Nueva York se establece junto al puente de Williamsburg. Comienza entonces a desarrollar una serie de trabajos relacionados con ese tránsito, como 1960 Williamsburg (1987) o Negro Williamsburg (1987). Surgen también las series en papel Engo NY (1987), The Book of Landscapes (1987-88) y Ojo y paisaje (1988-89), que daban continuidad a Islas y Niceas (1986), unas pinturas que se mostraron en la exposición individual que la galería Montenegro (Madrid) organizó en la víspera de su salida hacia Estados Unidos. En estos primeros años neoyorquinos se sitúan también las pequeñas pinturas negras vinculadas a su etapa en Williamsburg, al igual que los Ojo y paisaje pertenecientes a sus series Nemo y Nemasté.

Juan Uslé. Amapola, 1991. Vinílico, dispersión y pigmento seco sobre. lienzo 45,5 x 30,5 cm Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Depósito Colección Soledad Lorenzo, 2014 © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

Sala 3
Las obras de esta sala reflejan un momento de profundos cambios en la pintura de Uslé. En un breve periodo de cuatro años, su producción transita desde una visión muy personal del lenguaje internacional dominante hasta una exploración más introspectiva, enfocada a descubrir y hallar refugio en el paisaje interior.

En la sala se pueden ver tres pinturas de gran formato: Gulf Stream (1989), Etelvina (1990) y Veneno (1990-91). Todas ellas se mostraron en la Nave Sotoliva, en la exposición titulada Ultramar (Santander, 1991) y consuman el giro esbozado en sus series Nemo (1988-1990) y Nemasté (1989-1990).

El comisario, Ángel Calvo Ulloa, señala: «Una cierta tendencia sombría y fantasmal se advierte en su pintura de tema paisajístico. Las aguadas devienen espectros donde aflora lo que ocultan las aguas. Ya no es el lugar donde transcurre plácidamente la infancia, ni tampoco el recuerdo del verano de 1986 que Uslé y Civera pasaron en la iglesia de Susilla de Valderredible alejados de Santander y del mundillo del arte que cada año acudía a la costa por vacaciones. Una costa de mar calmo, clima apacible y sosegado, que poco o nada tendrá que ver con la costa que Uslé pinta, si es que es costa lo que pinta, y no interior».

En este momento surge un conjunto de impulsos visuales con «cierto sentido de comunión, de picor en la retina, de problema y placer para la mente», como afirmaba Kevin Power. Estos impulsos llegan de la mano de una serie de pequeñas telas como Ryder Blue o Amapola (1991), todavía muy definidas y controladas a nivel compositivo, pero que, sin embargo, serán la antesala de aquellas pinturas de mayor formato que caracterizan su etapa de las décadas de 1990 y 2000. Las tres piezas se mostraron en el Palacete del Embarcadero, en la exposición Ultramar (Santander, 1991).

Juan Uslé, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

Sala 4
Esta sala está en parte dedicada a la participación de Juan Uslé en la documenta IX de Kassel, celebrada en 1992 y comisariada por el belga Jan Hoet. Las obras Guess-Who, Engo-Engo, Pío-Peo y Mi-Món (1992) se encontraban entre las nueve pinturas seleccionadas para la ocasión. En este período se puede observar una fusión entre elementos previamente explorados y otros que se encuentran a punto de revelarse. Entre los recursos ya frecuentados están la verticalidad compositiva, la liquidez ensayada en algunas pinturas de transición, o la gama cromática, que recurre a veces una paleta oscura ―azules y marrones que remiten a Casita en el norte (1986), el barco de los 1960 o pinturas como Veneno (1990-1991)―, o bien a tonalidades de azules más vivos, amarillos, rojos, rosas o blancos, como en Paint-Point (1991), Feed-back (1992-93) o Fragmentos ibéricos (1992-93). Al mismo tiempo, surgen unas cuadrículas que marcan un ritmo de repetición y acotación que comienza a aparecer de forma recurrente. Es el caso de Red Works (1992) y de Mi-Món (1992), dos obras que dan inicio al período de las pinturas Celibataires. La idea generadora de Celibataires se encuentra también en la serie Nemasté (1989-1990), que anticipa un cambio de enfoque y propone una inmersión progresiva hacia una sintaxis más abierta.

Juan Uslé. Mal de sol, 1994. Vinílico, dispersión y pigmento seco sobre lienzo 112 x 198 cm. Colección Uslé-Civera © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

Sala 5
La sala 5 se adentra en los años noventa. En la primera mitad de la década, Juan Uslé consolida los fundamentos de Nemasté, y lo hace sobre un principio de libertad que le lleva a seguir un rumbo diferente en cada obra. Una deriva radical desemboca en sus Peintures celibataires de mayor formato, que contienen un guiño conceptual a Marcel Duchamp. Cada cuadro se concibe como una entidad autosuficiente, con elementos y soluciones que distinguen a cada obra, al mismo tiempo que la vinculan a un conjunto cuya unidad se define precisamente por sus diferencias. En esta etapa también se consolidan ciertos juegos formales —con una dosis de ironía— que evidencian la diversidad de fuentes que nutren la obra del pintor. Entre ellas, destacan conexiones con referentes como Joan Miró y Piet Mondrian, cuya influencia se hace explícita en la pieza Mi-Món (1992), expuesta en la sala anterior. Esta obra marca el inicio de una etapa en la que Uslé persigue provocar encuentros aparentemente imposibles o diálogos entre posicionamientos opuestos.

En estos años, Uslé se encuentra ya integrado en los ritmos de la ciudad neoyorquina y la experiencia urbana se manifiesta en su pintura. La complejidad de la gran urbe se expresa en obras como Gramática Urbana (1992) o Huida de la montaña de Kiesler (1993), que reafirman además los primeros pasos de un giro pictórico. Muchas de estas obras se desarrollan en un espacio donde cualquier recuerdo de infancia, anécdota cotidiana o escena imaginada es trasladado a la tela a través de un lenguaje que se convierte en tema. La seguridad en el hacer de Uslé permite que la técnica no quede oculta tras grandes conceptos, y que no sea tan importante el contenido como la manera de llevarlo a cabo. La ambigüedad se ve acrecentada por los títulos que Uslé escoge para sus obras, que evolucionan hasta convertirse en unidades autónomas de significado.

Desde mediados de los años noventa, se multiplican las variantes como si en Uslé cupiesen muchos pintores, el de Celibataires y los de los conjuntos como In Urbania, Rizomas o Eolo, cada uno perteneciente a una familia de particularidades, posicionamientos y soluciones distintivas. En esta sala se destaca la presencia de The Little Human Element (1998-1999), una obra de notable relevancia que funciona como conexión entre las pinturas Celibataires y lo rizomático. Esta pintura se ha mostrado en muy pocas ocasiones y ha sido trasladada desde Nueva York después de dos décadas.

Juan Uslé, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

Sala 6
La memoria se constituye como elemento primordial también en su ausencia, cuando se pierde. Juan Uslé hablaba de cuadros «amnésicos», «ya que han olvidado las imágenes, como también las olvidaron aquellos “negros” del primer año de llegar a Nueva York». En este contexto pinta Amnesia (1992), una singularidad dentro de su repertorio. Kevin Power dirá de esa pintura que «está constituida a base de aquello que está olvidado, producida desde mínimos literales de la pintura, tan solo permanece el peso de la pincelada en el lienzo y el indicio, o la masa que se deja atrás una vez borrada la pincelada».

Pocos años después surgen pinturas como Asa-Nisi-Masa (1994-95), un título tomado de la película 8½ (1963), de Federico Fellini, que hace alusión a las palabras mágicas pronunciadas por los niños en una secuencia onírica del filme. Esta obra se vincula con el cuadro de Uslé denominado Mal de sol (1994), en el que evoca un episodio de su infancia, cuando tuvo que permanecer durante varios días en penumbra a causa de una insolación. En estas obras de fondo blanco, la luz tenue deja entrever imágenes difusas a través de las rendijas que se originan en los extremos de cada pincelada.

El nexo entre la pintura de Uslé y el cine se aborda en el texto de Érik Bullot incluido en el catálogo de esta exposición, al afirmar que el arte de Uslé «se sitúa sin duda alguna en la interfaz, en la interacción dentro-fuera, entre la realidad y su doble, en la membrana de una pantalla imaginaria de la que él es el proyeccionista».

Sala 7
En este espacio se pueden ver las primeras dos obras que recibieron el título Soñé que revelabas, puestas en diálogo con otras pinturas de finales de la década de 1990, una etapa crucial en la trayectoria del artista.

Soñé que revelabas I (1997) se presentó en la exposición Vanishing Lines, inaugurada en la galería Soledad Lorenzo de Madrid en febrero de 1998. Soñé que revelabas II (1998-99) se pudo ver un año después, en la exposición titulada Blind Entrance, en la galería Cheim & Read de Nueva York. Estas dos pinturas todavía no conformaban una serie, pero ya contenían la cadencia rítmica que ha descrito Juan Uslé al hablar del proceso creativo que da lugar a sus SQR: «Son pinceladas entrecortadas, resultado de un contacto intermitente: muevo la brocha y presiono hasta que aparece el siguiente latido. Trato de seguir un ritmo secuencial marcado por mi pulso y, por ello, casi siempre suelo trabajar esas pinturas por la noche, sobre todo aquí en Nueva York, porque necesito concentración y silencio para sentirlo. El resultado varía según las obras y los días, según lo calmado o acelerado del pulso. El bombeo sanguíneo no es siempre igual».

En las dos exposiciones mencionadas se presentaron también otras obras creadas en los mismos años: Rizoma mayor (1998), Manthis (1998-99), Casita del norte III (1997) o Bilingual (1998-99), así como otras pinturas de salas aledañas tales como Rizoma’s (1997), The Little Human Element (1998-99) o Encerrados (Amnesia) (1997). Todas ellas fueron testigos de la relevancia del momento en que se produjeron, un momento en el que Uslé consolidaba su lenguaje pictórico más personal, marcado por la repetición, el ritmo y la introspección.

Juan Uslé y Ángel Calvo Ulloa, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

Sala 8
En la octava sala se ponen en diálogo un lienzo de la serie Soñé que revelabas (SQR XI, 2002) con La novia de Belchite (2008) y Fagocimanthis (2010).

La convivencia de Soñé que revelabas con otras familias de obra es una constante del trabajo de Uslé, de ahí que buena parte de sus exposiciones incluyan diálogos sostenidos en el tiempo. Una obra como Manthis (1998-1999) da inicio a una familia a la que Uslé vuelve brevemente entre 2010 y 2012, en un momento en que el patrón SQR se ha vuelto dominante, limitando a mínimos fugas formales. Esto pasa también con series como In Kayak ―de la que El constructor de imágenes (2010) será claro punto de arranque―, o en pinturas de naturaleza independiente, como La novia de Belchite (2008) u Ojos de Fallujah (2003-04), expuesta en la sala inmediatamente anterior.

La consolidación del conjunto de obras Soñé que revelabas se alinea con el cambio de milenio. Durante la primera década de los años 2000, esta serie de telas adquiere una creciente solidez, ocupando progresivamente más espacio en las jornadas de trabajo de Juan Uslé. A partir de 2014, la lógica interna de estas pinturas se impone con claridad, reorientando el diálogo entre familias pictóricas que había venido desarrollándose durante las dos décadas anteriores. Este proceso consolida un modelo que, con el tiempo, será atravesado por variaciones y gestos sutiles, capaces de conferir a cada SQR una autonomía plena.

Pinturas como Soñé que revelabas XI (Airport) (2002) y Soñé que revelabas XV (2002) ilustran con claridad cómo la incorporación gradual de variantes transforma la familia de SQR en un terreno fértil que se va enriqueciendo paulatinamente.

Salas 9 y 10
La instalación Línea Dolca (2008-2018), compuesta por 170 fotografías y 9 pinturas, ocupa dos de las salas centrales de la muestra. Tras muchos años de utilización de la instantánea como instrumento de apoyo, la fotografía cobra presencia y se convierte en el medio principal de esta instalación. Una línea continua de imágenes en pequeño formato recorre el perímetro de las salas, sobre un fondo de color chocolate, creando una narrativa visual envolvente que explora la relación entre lo fotográfico y lo pictórico, lo urbano y lo natural, la realidad y la ficción, o lo privado y lo público. Las imágenes incluyen paisajes, naturalezas muertas, retratos, rincones de su casa y estudio, escenarios de sus viajes y también superficies abstractas. El conjunto compone una especie de diario visual que revela su mirada y su universo creativo. La fotografía, durante muchos años, ha sido para Uslé un medio para pensar la pintura. Kevin Power señalaba ya en los años noventa que le resultaba «extraordinario ver cómo sus fotos, obtenidas hace algunos años, se relacionan tan intensamente con algunas de las obras producidas ahora en el estudio de Nueva York ―fotos del cielo tomadas a través de la ventana de un avión, o de los raíles del tren fotografiados desde el andén, o fotos de simples elementos arquitectónicos».

En esta instalación, un recuerdo de infancia vuelve a funcionar como hilo conductor para una narrativa visual compleja. El tono de la franja superior de la instalación Línea Dolca y el propio título de la serie aluden a una antigua fotografía familiar, realizada pocos años antes del hundimiento del buque Elorrio, en la que el pintor sostiene en sus manos una tableta de chocolate Dolca.

Salas 10 y 11
Las últimas salas de la muestra se dedican a la familia Soñé que revelabas. Juan Uslé suele recordar cómo, durante su etapa universitaria en Valencia, él y su compañera Victoria Civera tomaron la decisión de pintar de negro las paredes de su habitación, transformándola en un cuarto de revelado. Aquella acción marcó el inicio de su relación con la fotografía como herramienta y medio de expresión. Años más tarde, ese gesto inspiraría el título Soñé que revelabas, con el que ha nombrado una extensa serie de pinturas que ha constituido una parte esencial de su obra artística.

Las palabras que escribió el comisario belga Luk Lambrecht en 2009 sobre la obra de Uslé siguen siendo pertinentes en la actualidad: «aunque reconocible, la pintura de Juan dista mucho de ser predecible. (…) En cuanto a la planificación, estas composiciones se han construido utilizando bandas/rayas verticales u horizontales, abrazando el tiempo como una dulce y oscilante ondulación en la superficie de un mar en calma y plasmando la alusión de que el cambio y la transformación -por mínimos que sean- son la esencia de la vida misma.»

Por otro lado, Andrea Soto Calderón afirma lo siguiente en el ensayo que firma para el catálogo de esta exposición: «Trabajar los límites del espacio para ya no poder percibirlos como límites. Un lugar para dormir, soñar, amar, desear, es también el lugar donde emergen imágenes, un lugar donde se trabaja a tientas, donde se forman esbozos de imágenes para poder mirar. Este gesto implica una toma de posición, un compromiso de cura por el lugar en donde crecen y se gestan sus imágenes, pero también un trabajo riguroso con la materia de los sueños.»

Juan Uslé, Museo Reina Sofía 2025. Foto LOGOPRESS

Juan Uslé (Santander, 1954) es uno de los pintores españoles contemporáneos más reconocidos a nivel internacional. Desde 1987 alterna su residencia entre Nueva York y Saro (Cantabria).
Ha participado en eventos clave como la Bienal de Venecia (2005), documenta IX (1992), la Bienal de Estambul (1992) y la Bienal de São Paulo (1985). Ha expuesto de manera individual en Bombas Gens Centre d’Art de Valencia (2021), Kunstmuseum Bonn (2014), Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela (2013), Stedelijk Museum voor Actuele Kunst (SMAK) de Gante (2004), Irish Museum of Modern Art (IMMA) de Dublín (2004), Fundación Botín de Santander (2004), Museo Reina Sofía de Madrid (2003), Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) (1996) e Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) de Valencia (1996), entre otros.

Su obra está presente en numerosas colecciones públicas y privadas internacionales, entre las que se incluyen: The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, The Museum of Fine Arts de Houston, Museum of Fine Arts de Boston, Irish Museum of Modern Art (IMMA) de Dublín, Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), Musée National d’Art Moderne, Centre Pompidou de París, Musée d’Art Contemporain du Luxembourg, Museo Guggenheim de Bilbao, Museo Reina Sofía de Madrid, Museu Serralves de Oporto; Stedelijk Museum voor Actuele Kunst (SMAK) de Gante o Tate Modern de Londres.
En 2002, su trayectoria fue reconocida con el Premio Nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura.

Datos de interés:
Juan Uslé. Ese barco en la montaña
Museo Reina Sofía Edificio Nouvel, Planta 1
Fechas: 26 de noviembre de 2025 – 20 de abril de 2026
Organiza: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisario: Ángel Calvo Ulloa
Coordinación: Nieves Sánchez Castillo