La estética neutra continúa marcando las actividades del Museo Nacional de Escultura
Ha pasado mucho tiempo desde que Malévich presentara su Blanco sobre blanco (1918), un ejercicio de descomposición total de la geometría y el color en el arte. Lo que hace cien años fue acto rompedor y transgresor —que llevó hasta las últimas consecuencias la abstracción—, hoy podría considerarse una muestra perfecta de un arte que no busca incomodar. Una expresión suave, ligera y contenida de una estética calmada, uniforme, limpia. Un arte que es lo que se ve: un cuadrado blanco sobre un fondo blanco, sin ninguna reflexión detrás. La máxima expresión de la nada.
Esta estética extremadamente neutra es la que, de forma crítica, muestra la programación cultural de marzo en el Museo Nacional de Escultura: mujeres que se ajustan a la perfección a los cánones clásicos, escalas de blancos, negros y grises y, sobre todo, discreción y normatividad. Lo opuesto a las actividades que os proponemos. Mediante visitas, música en salas y una jornada sobre feminismo os invitamos a cuestionar las supuestas neutralidades y a reivindicar la diversidad y la igualdad de género.
Porque, en arte, la abstracción no es prescindir de contenido; es una valiosa herramienta para interactuar con la realidad de una manera más íntima y profunda de lo que la representación naturalista puede ofrecer. Esto se ve en Pas éternel (2023), el particular Blanco sobre blanco de Elo Vega en LADYLIKE. Y, también, es lo que a partir del 19 de marzo se verá en el Rincón Rojo del Colegio de San Gregorio.
Formas dormidas Decía Ludwig Wittgenstein que, a la hora de jugar al ajedrez, la forma de las piezas carece de la menor importancia, pues estas solamente adquieren su pleno significado dentro de un contexto dado, algo similar a lo que sucede con las palabras y el lenguaje.
Sin embargo, durante la historia de este pasatiempo, la estética de las figuras ha resultado fundamental para su devenir y, no por casualidad, esta ha quedado condicionada por la temprana adopción de la abstracción. Las ventajas de este recurso resultan obvias ya que permitía eludir ciertos prejuicios morales asociados al juego mientras que, al mismo tiempo, se favorecía la universalización de su práctica al carecer los nuevos diseños de una impronta cultural definida.
Despertar la materia y crear formas novedosas para plasmar conceptos que en algún momento fueron difusos constituyó un reto colosal asumido tanto por artesanos anónimos como por artistas consagrados que supieron apreciar las sutilezas del juego-ciencia para desarrollar su creatividad. Como la llama de un fuego inextinguible, la abstracción dotó al ajedrez de un cuerpo definido y coherente durante su gran expansión medieval y estos vetustos trebejos tendrán una afinidad sonámbula con la estética de la modernidad del siglo XX, estableciendo un puente entre dos épocas distantes aunque afines a causa de una actitud artística similar.







