Patrimonio Nacional emprende la restauración de la obra maestra El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de El Greco. Esta semana se ha completado el traslado de la pintura desde las Salas Capitulares del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hasta la Galería de las Colecciones Reales, donde se realizará la intervención durante los próximos meses. Después, el cuadro se expondrá allí temporalmente antes de regresar al Real Monasterio.
Rafael Alonso, experto en El Greco —ha restaurado más de 90 obras del pintor cretense— será el responsable de la intervención, que se prolongará durante los próximos meses. La restauración permitirá corregir repintes y, sobre todo, eliminar el óxido de barnices que actualmente opacan los brillantes colores y la profundidad creativa característicos del artista. El traslado desde El Escorial ha exigido un complejo operativo en el que han participado más de diez profesionales, debido a las grandes dimensiones de la pintura, que mide casi cuatro metros y medio de alto y tres de ancho.
Los trabajos de restauración son posibles gracias al mecenazgo del Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales, creado por la Fundación Callia en colaboración con Patrimonio Nacional y formado por mecenas de varios países de Latinoamérica y de otros lugares del mundo, con la misión de promover la conservación y restauración del patrimonio cultural común y universal de las Colecciones Reales y su internacionalización a través de programas de actuación a ambos lados del Atlántico.
800 ducados
El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana fue encargado en 1580 por Felipe II a El Greco para decorar una de las capillas laterales de la Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, concretamente la consagrada al santo, patrón de la Orden del Toisón de Oro. El pintor tardó casi tres años en completar la obra en su taller de Toledo y la entregó personalmente a finales de 1582.
Con este trabajo, Domenico Theotocopoulos buscaba obtener el favor de Felipe II y acceder a nuevos encargos vinculados a la decoración de El Escorial. A su regreso de Portugal en 1583, el rey pudo ver la obra, pero no resultó de su agrado, aunque su extraordinaria calidad artística quedó reflejada en la tasación: 800 ducados, una cifra muy elevada para la época.
Una serenidad “inapropiada”
A El Greco se le había pedido claridad y decoro en la representación del martirio, pero el pintor no solo desplaza la escena al segundo término, sino que la presenta con una serenidad considerada inapropiada y sin mostrar el momento de la muerte de San Mauricio. En su lugar, sitúa como motivo principal el instante en que el santo exhorta a sus compañeros a permanecer fieles a su fe en Cristo.
Por esta razón, El Martirio de El Greco no fue seleccionado para la capilla, donde se instaló una versión de Cincinato. La obra de Theotocopoulos pasó por varios espacios escurialenses, hasta que en el siglo XX se instaló en las Salas Capitulares. Allí regresará tras un proceso de restauración que se extenderá hasta verano, y después de ser expuesta temporalmente en la Galería de las Colecciones Reales.







