Vista de la instalación Felix Gonzalez-Torres: Traveling. The Renaissance Society at the University of Chicago, Chicago, 2 de octubre a 6 de noviembre, 1994. Coorganizada por Amada Cruz, Ann Goldstein y Susanne Ghez [Tercera sede de Félix González-Torres: Traveling. Museum of Contemporary Art (MOCA), Los Angeles, 24 de abril a 19 de junio, 1994]. Fotografía: Tom van Eynde. © Estate Felix Gonzalez-Torres, cortesía Félix González-Torres Foundation

El director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, ha presentado hoy la exposición Félix González-Torres: Dulce venganza junto con los comisarios de la muestra, Alejandro Cesarco y Nancy Spector. Para Manuel Segade, la figura de Felix González-Torres «es paradójica como el propio título de la exposición, porque precisamente su trabajo tiene una aparente levedad, una suavidad melancólica, pero que también incluyen una enorme fuerza política y de acción».

Sobre esta muestra, Alejandro Cesarco, comisario, apuntas que se en ella «nos aproximamos al oxímoron “dulce venganza”, no solo como un título, sino como un marco conceptual, una herramienta para entender el uso sostenido que el artista de la sutileza, la multiplicidad y la paradoja como estrategias artísticas. Aquí dulzura y venganza no son opuestos, coexisten. La seducción se vuelve política, la belleza se convierte en una forma de constatación, la abstracción de una estrategia de resistencia».

Por su parte, la co-comisaria de la exposición, Nancy Spector, ha destacado que «siempre me quedo totalmente impresionada por la visión y la relevancia cultural de la obra de Gonzáles-Torres. Aunque su obra se realizó como respuesta a un tiempo y un lugar específico —en concreto Nueva York y Estados Unidos a finales de los 80 y principios de los 90, durante la presidencia de Ronald Reagan y la epidemia del SIDA—, su obra se puede aplicar al tiempo en el que vivimos hoy en día».

Del 27 de mayo al 12 de octubre de 2026, la Planta 1 del Edificio Sabatini alberga una exposición dedicada a la obra de Félix González-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, Estados Unidos, 1996), una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo de las últimas décadas. Su obra, caracterizada por su efimeridad, su naturaleza participativa, su rigor conceptual y sus profundas dimensiones políticas y emocionales, continúa influyendo de manera decisiva en las nuevas generaciones de artistas.

Félix González-Torres: Dulce venganza incluye más de cincuenta obras del artista, presentadas en un espacio expositivo adaptado arquitectónicamente para la ocasión. Cuenta con préstamos de instituciones como el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art o Glenstone de Potomac, Maryland, entre otras, así como de colecciones privadas. Asimismo, esta exposición ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Félix González-Torres.

La ciudad de Madrid fue un lugar emocionalmente complejo para González-Torres. En 1971, fue enviado a España como parte de un programa destinado a trasladar a niños desde Cuba para alejarlos del régimen. Permaneció aquí durante un breve periodo antes de trasladarse a Puerto Rico y más tarde a Nueva York, donde pasaría la mayor parte de su vida adulta. No regresó a la ciudad hasta 1991, con motivo de una exposición colectiva. Al recordar ese primer regreso, escribió: «… Volví a Madrid casi veinte años después —dulce venganza—». Bajo esta noción de «dulce venganza», la exposición propone, en palabras de sus comisarios, «una comprensión del poderoso uso de la diferencia, la contradicción y la paradoja a lo largo de los distintos conjuntos de obras que reúne».

Los trabajos de Félix González-Torres operan dentro de un conjunto de principios, instrucciones y posibilidades. Por ejemplo, ciertas obras, compuestas por materiales producidos comercialmente, se fabrican de nuevo para cada presentación. Asimismo, los retratos de texto son modificables; la persona o institución que posee el retrato, así como quienes son responsables de exhibirlo, pueden alterar su contenido. De este modo, el artista cuestiona las nociones de autoría y permanencia, adoptando la flexibilidad y la interpretación abierta.

La obra de González-Torres es inseparable del contexto en el que desarrolló su práctica, marcado por la crisis del sida y las políticas conservadoras en Estados Unidos durante las décadas de 1980 y 1990. Como artista queer, desarrolló un lenguaje visual deliberadamente inestable y profundamente personal, marcado por la muerte de su pareja a causa del sida en 1991. Consciente de la inminencia de su propia muerte por la misma enfermedad, González-Torres anticipó el futuro de su obra y dejó un legado influyente en el que las formas estéticas se convierten en vehículos de resonancia emocional y urgencia política.

lix González-Torres: Dulce venganza, un recorrido participativo y personal

Tras una cuidadosa adaptación arquitectónica del espacio expositivo en la Planta 1 del Edificio Sabatini, Félix González-Torres: Dulce venganza se despliega a lo largo de múltiples salas interconectadas que presentan más de cuarenta obras, en las que los visitantes ocupan un lugar central como participantes activos, invitados a interactuar con muchas de las piezas.

La exposición comienza con “Untitled” (Revenge), 1991, una alfombra de caramelos que el público puede llevarse y que se repone indefinidamente, y conduce a una sala que revela el lado más íntimo del artista a través de un retrato textual, “Untitled”, 1989, considerado autobiográfico, y de obras tempranas influidas por su estancia en Madrid, como el puzle “Untitled” (Madrid 1971), 1988, así como sus inquietudes en torno a la política, la relación entre lo público y lo privado y cómo estas cuestiones afectan a la vida de las personas, temas recurrentes a lo largo de la exposición, reflejados aquí en obras como “Untitled” (Public Opinion), 1991.

Algunas de las secciones de la exposición están separadas por cortinas de cuentas permeables que invitan a reflexionar sobre la transición y el paso. Cada sala presenta una combinación única de trabajos de la obra multidisciplinar del artista, que incluye pilas de papel, instalaciones hechas de caramelos, retratos, fotografías enmarcadas, guirnaldas de luces, vallas publicitarias y puzles. También se incluyen otros formatos explorados por González-Torres, situados entre la instalación y la performance, que invitan a la activación por parte del visitante, como en el caso de la obra “Untitled” (Arena), 1993.

La exposición avanza de una sala a otra con sutiles cambios de tono y temática, evocando cuestiones presentes en la práctica de Gonzalez-Torres, como las nociones de exilio y viaje, la epidemia del sida y la homofobia, la autoridad y la historia, la necesidad de justicia social y la esperanza de renovación. A lo largo del recorrido, la muetra mantiene y pone en práctica la idea de «dulce venganza» mediante la activación de las sutiles contradicciones que el artista incorporó en su obra.

Una sección al final de la exposición presenta ejemplos de material impreso relacionado con las muestras e instalaciones de la obra de González-Torres realizadas en vida del artista. Algunos de estos materiales efímeros reflejan el desarrollo de su práctica en una selección de invitaciones, notas de prensa, declaraciones y publicaciones. También se exhiben libros y catálogos de exposición que contienen citas de Gonzalez-Torres, las cuales son utilizadas por los comisarios a lo largo de la muestra para destacar la vigencia y relevancia de las ideas del artista hoy en día.

Dulce venganza más allá del Museo

Para González-Torres era esencial la presencia y la interrelación de su práctica con el espacio público. En este sentido, la exposición trasciende los límites del Museo para expandirse por la ciudad de Madrid mediante la instalación de una de sus piezas en vallas publicitarias de Metro de Madrid, gracias a la colaboración con la empresa JCDecaux, en varias en estaciones como Cuzco, Guzmán el Bueno, Retiro, O’Donnell, Legazpi y Tirso de Molina.

Colaboración con la Fundación Museo Reina Sofía

La Fundación Museo Reina Sofía, en alineación con su misión de apoyo al Museo, ha adquirido para este 2026, y gracias a la donación de la familia Butinof, la obra «Untitled» (For Parkett). Con motivo de un encargo de la revista Parkett en 1994 para un múltiple que acompañaba un número en el que el artista fue protagonista, Gonzalez-Torres creó una valla publicitaria fotográfica en una edición limitada de ochenta y cuatro ejemplares, cada uno de los cuales solo puede ser instalado una vez. A diferencia de sus otras vallas, que pueden ser reproducidas indefinidamente con la autorización de sus propietarios, cada edición de “Untitled” (For Parkett) no puede volver a fabricarse una vez instalada en un lugar concreto. Su primera ubicación es, en esencia, también la última.

Asimismo, con motivo de la muestra se ha editado un folleto digital con textos de los comisarios y el listado de obras, cuya descarga estará disponible en sala a través de un QR, tanto en su versión en español como en inglés.