Patrimonio Nacional abre al público el nuevo Museo del Patrimonio Natural, una propuesta que amplía y renueva la visita al Palacio Real de Riofrío. El museo explica cómo los bosques en los que durante siglos cazaron los reyes se han convertido en un patrimonio natural que hoy se gestiona para conservar sus ecosistemas y su fauna. El proyecto global ha supuesto una inversión superior a 2,5 millones de euros, financiada con fondos europeos NextGenerationEU. Hasta el 31 de diciembre, el museo podrá visitarse de forma gratuita e independiente. Después, la visita estará incluida en la entrada del palacio, aunque también podrá adquirirse una entrada sólo para el museo.
El museo mantiene algunos elementos del antiguo Museo de la Caza, pero incorpora nuevas obras de arte y, sobre todo, recursos interactivos con el objetivo de dar a conocer ese patrimonio natural menos visible para el gran público y explicar los criterios que orientan su gestión. La actuación en Riofrío incluye también la reforma integral del centro de recepción de visitantes y la instalación de una maqueta del conjunto monumental en la Sala de Guardias, concebida como una introducción al recorrido y a la comprensión del entorno de Riofrío.
“El Palacio de Riofrío no se entiende sin su bosque. Este museo muestra una realidad poco conocida del trabajo de Patrimonio Nacional: la conservación y gestión de un espacio natural de enorme valor ecológico, histórico y paisajístico. La museografía, con audiovisuales, maquetas y juegos, está concebida para acercar ese patrimonio a todos los públicos”, ha señalado durante la presentación Luis Pérez de Prada, director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional. En el acto ha estado acompañado de Virginia Albarrán, conservadora del Palacio de Riofrío, y Raúl Gómez Escribano, arquitecto de Patrimonio Nacional, responsables de la dirección técnica del proyecto.

El bosque entra en palacio
El nuevo museo da a conocer el patrimonio natural que gestiona Patrimonio Nacional: cerca de 18.000 hectáreas de espacios naturales y zonas verdes, muchas de ellas de especial interés ecológico y algunas no accesibles al público por razones de conservación. El recorrido mantiene los 28 dioramas de fauna ibérica realizados en los años ochenta por el naturalista José Luis Benedito y el pintor y escenógrafo Emilio Ruiz del Río, y repasa la evolución del estudio de los animales y su relación con la historia natural y la veterinaria, desde los gabinetes de curiosidades de las cortes europeas hasta los museos científicos.
A través de pinturas, esculturas y diversos objetos, el museo explica también el papel de la caza en la vida de la monarquía española, su representación como símbolo de poder y la compleja organización de oficios vinculados a la gestión de los bosques y la fauna. Uno de sus ámbitos temáticos revisa la participación femenina en el universo de la caza, desde las deidades romanas, con Diana como figura principal, hasta las reinas de las casas de Austria y de Borbón que practicaron con asiduidad el arte cinegético y que inspiraron a artistas de todas las disciplinas, de la escultura y la pintura a las artes decorativas. Entre ellas destaca Isabel de Farnesio, considerada “la gran reina cazadora” de España e impulsora del propio Palacio de Riofrío.
La historia de un Real Sitio singular
El Palacio Real de Riofrío se encuentra a los pies de la Sierra de Guadarrama, a pocos kilómetros de Segovia, rodeado por el bosque del mismo nombre. Fue la propia Isabel de Farnesio, ya viuda de Felipe V, quien impulsó su construcción en el siglo XVIII como palacio de campo. De marcada influencia italiana, el edificio es conocido como el “palacio español más romano”. Permaneció deshabitado durante más de un siglo, hasta que Francisco de Asís, esposo de Isabel II, lo ocupó y decoró.
El palacio abrió al público en la década de 1960 con dos áreas: el Museo Alfonsino, que recreaba un palacio de época romántica, y el Museo de la Caza, inaugurado en 1965. Más tarde, el Plan de Actuación de Patrimonio Nacional 2013-2016 permitió que sus salones recuperaran, en la medida de lo posible, la decoración y el uso que tuvieron en el siglo XIX, con la incorporación de más de 500 obras de arte.






