Subarna subastará el próximo 8 de octubre la colección artística privada reunida por Manuel Pertegaz a lo largo de toda una vida. La exposición pública podrá visitarse desde el 28 de septiembre.

Subarna subastará el próximo 8 de octubre la colección artística privada reunida por Manuel Pertegaz a lo largo de toda una vida. La exposición pública podrá visitarse desde el 28 de septiembre.

En la historia de la alta costura, la relación entre moda y coleccionismo de arte tiene algunos de sus episodios más fascinantes. Christian Dior hizo de La Colle Noire, su château en el sur de Francia, un espacio donde convivían arquitectura, jardines, arte y muebles de primera línea; Hubert de Givenchy reunió durante décadas una extraordinaria colección de pintura, escultura y artes decorativas en sus residencias de París y en el Château du Jonchet; y Yves Saint Laurent y Pierre Bergé construyeron una de las grandes colecciones privadas del siglo XX. Manuel Pertegaz pertenece a esa misma tradición de grandes creadores para quienes la cultura visual no terminaba en el taller.

La casa de subastas Subarna presentará el próximo 8 de octubre una de las colecciones privadas más singulares vinculadas a una figura imprescindible de la cultura española del siglo XX: el conjunto de artes decorativas, arqueología, pintura y arte oriental reunido durante décadas por Manuel Pertegaz.

La colección procede de los tres espacios que acompañaron la vida de Manuel Pertegaz – su showroom de la avenida Diagonal, su residencia de Sarrià y, especialmente, su masía fortificada del siglo XVI, adquirida en los años cincuenta -, donde reunió buena parte de las piezas que ahora salen a subasta. No fue una colección concebida para ser expuesta, sino un conjunto de obras y objetos que Pertegaz escogió para convivir con ellos, convirtiendo sus espacios privados en una expresión más de su sensibilidad.

Una colección que refleja una forma de entender la belleza

El núcleo de la colección está formado por un extraordinario conjunto de artes decorativas europeas, con una destacada representación de mobiliario portugués, italiano y español desde el siglo XVI al XIX. Especialmente relevante es la colección de muebles policromados, integrada por piezas de notable calidad y difícil presencia en el mercado: sobresalen una cómoda portuguesa João V realizada hacia 1730, un conjunto de sillas Carlos IV de finales del siglo XVIII o un excepcional obelisco italiano, extraordinariamente raro dentro de su tipología.

Junto al mobiliario, la escultura ocupa un lugar fundamental. Y es precisamente aquí donde la colección permite establecer una relación especialmente reveladora con el universo de un modista. Entre las piezas se encuentra un conjunto de torsos escultóricos tanto de la antigüedad como de los siglos XVIII y XIX, representaciones del cuerpo humano que, despojadas de cualquier función utilitaria, convierten la anatomía, la postura y la proporción en protagonistas.

Para un creador cuya profesión consistía en trabajar cada día sobre el cuerpo humano, su presencia result aespecialmente significativa. Pertegaz no vestía simplemente cuerpos: construía una relación entre el cuerpo y la forma. La caída de una manga, la línea de un hombro, la longitud de una falda o la manera en que un tejido acompaña el movimiento dependen de una comprensión precisa de las proporciones y de la presencia física de quien lleva una prenda. En sus esculturas, el cuerpo aparece igualmente convertido en una cuestión de forma, equilibrio y proporción.

La colección permite así contemplar dos aproximaciones distintas a una misma preocupación: cómo convertir el cuerpo humano en una forma bella. Es significativo que Pertegaz conviviera con esculturas de épocas tan distintas. Su interés no parece responder a una voluntad de reconstruir una determinada época histórica, sino a una sensibilidad capaz de reconocer belleza en soluciones formales separadas por siglos.

Más allá de Europa…

El arte oriental ocupa también un lugar destacado dentro de este universo. La colección incorpora un importante núcleo de porcelanas Qing del siglo XIX y varias piezas de mobiliario de la dinastía Ming, entre ellas un gran biombo y un cabinet de exportación de extraordinaria rareza y calidad.

Su presencia resulta reveladora porque introduce un lenguaje estético muy diferente al de la tradición europea que domina buena parte del conjunto. Frente a la exuberancia de determinados muebles y esculturas barrocas, estas piezas aportan otras formas de entender el espacio, la superficie y la ornamentación: la contención, el ritmo, la repetición y el equilibrio.

Más que buscar uniformidad, Pertegaz parece haber buscado afinidades entre culturas diferentes. Es una manera de coleccionar que encaja con una personalidad creativa poco interesada en las fronteras rígidas entre estilos. Su trayectoria en la moda demuestra también esa capacidad para absorber lenguajes diferentes sin perder una identidad propia.

Un coleccionista que necesitaba vivir rodeado de arte

Las fuentes que conocieron a Pertegaz de cerca ayudan a completar esta imagen. Josefina Figueras, que visitó su masía, describió precisamente un entorno en el que convivían esculturas romanas, cerámicas del taller de Picasso, muebles ingleses y lacas japonesas. La periodista observó que Pertegaz necesitaba rodearse de una atmósfera de arte que frenase «la vulgaridad y los caminos fáciles». Figueras describió la atmósfera de su masía y su necesidad de vivir rodeado de obras de arte. Otros testimonios coinciden en señalar su carácter reservado, exigente y profundamente concentrado en su oficio.

Robert Royal, fotógrafo que trabajó con él durante décadas, lo definió como un hombre «introvertido, discreto y perdido en su propio universo». Javier Hernández, en su biografía Manuel Pertegaz. El hombre que rozó la perfección, reconstruye esa personalidad a través de testimonios y documentación y recoge una frase especialmente reveladora del propio creador: «Siempre he querido alcanzar esa perfección que es imposible, pero al menos rozarla».

Esa búsqueda de perfección ayuda a mirar de otra manera las piezas de su colección. No parece casual que junto a objetos de extraordinaria calidad artesanal aparezcan representaciones del cuerpo humano, muebles de proporciones cuidadas, piezas orientales de gran refinamiento o esculturas en las que la calidad de la materia resulta inseparable de su forma.