El Museo del Prado tiene una presencia tan sólida que es fácil pensar que es estático, que siempre ha sido así como hoy lo vemos. Sin embargo, cerca de mil nuevos cuadros, algunos de ellos obras maestras absolutas de Fra Angélico, Velázquez o Goya, han entrado en Museo en los últimos 25 años. Unos años en los que ha podido crecer en todos los ámbitos (artístico, económico y de impacto social) gracias a contar con una ley propia (2003), nacida del acuerdo de todos los grupos parlamentarios.
Esta exposición, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado y la colaboración de la Comunidad de Madrid, estará abierta hasta el próximo 27 de septiembre en las salas C y D del edificio Jerónimos. “Prado. Siglo XXI” plantea un recorrido por los hitos y etapas de su historia reciente que han ido definiendo su funcionamiento, su proyecto científico y su lugar en el panorama cultural internacional.
El relato se articula a través de 98 piezas —pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías, libros y documentos de archivo— junto con material audiovisual y recursos expositivos que no buscan una mirada complacida a lo conseguido sino animar a los ciudadanos a seguir construyendo el Prado, su museo.
Todas estas acciones y actividades han sido llevadas a cabo gracias a una excelente administración de los fondos públicos recibidos y también de las aportaciones de benefactores y patrocinadores a quien el Museo del Prado quiere mostrar su gratitud por su apoyo constante.
“Prado. Siglo XXI” es un proyecto que recorre el proceso de transformación experimentado por la institución en los últimos veinticinco años. Ubicada en las salas C y D, la exposición permanecerá abierta hasta el 27 de septiembre de 2026.

A través de una selección representativa de 98 piezas incorporadas a la colección desde el año 2000, junto con material documental, bibliográfico, audiovisual y estadístico, la exposición propone una reflexión sobre la identidad contemporánea del Prado. El recorrido presenta al museo como una institución en movimiento, consciente de su herencia histórica, pero también de su responsabilidad presente y futura.
La muestra, comisariada por Alfonso Palacio, Director adjunto de Conservación e Investigación, y Elena Cenalmor, Técnico de Museos en la Dirección Adjunta de Conservación e Investigación, ambos en el Museo del Prado, pone el foco en los cambios estructurales, científicos y sociales que han permitido al Prado reforzar su posición entre las grandes pinacotecas internacionales. Un relato coral que visibiliza tanto el crecimiento de la colección como la evolución de sus modelos de gestión, conservación, investigación, comunicación y relación con el público.
El recorrido -que comienza con una infografía que pone de manifiesto los cambios cuantitativos, cualitativos y físicos que ha experimentado la institución en los últimos 25 años y una gran maqueta de lo que es y será en breve el Campus Prado- se articula en torno al enriquecimiento de las colecciones, uno de los ejes centrales del Prado en las últimas décadas. Las 97 obras reunidas —que abarcan desde la Edad Media hasta finales del siglo XX— permiten seguir cómo el museo ha incorporado piezas fundamentales mediante adquisiciones, donaciones, legados, adscripciones del Estado y fórmulas de participación colectiva. Pinturas, esculturas, dibujos, fotografías, libros y documentos de archivo construyen un relato que pone el acento tanto en la calidad artística como en el contexto institucional que ha hecho posible su ingreso en la colección.

Entre las obras más significativas figuran ejemplos del arte medieval y renacentista que refuerzan ámbitos históricamente menos representados en el Prado, como el Frontal de Solanllong. Pantocrátor con el Tetramorfos (1200–1210), donado por la familia Várez Fisa; el monumental Torso de Afrodita romano (siglos I a.C.–I d.C.), donado por Claudio Bravo; o El vino de la fiesta de San Martín, adquirida con una dotación extraordinaria del Ministerio de Cultura y con fondos propios del Museo Nacional del Prado en 2010. Estas incorporaciones ilustran el equilibrio entre apoyo público y compromiso social en la política de adquisiciones del Prado.
El núcleo barroco, uno de los pilares de la colección, se ve reforzado con obras como La resurrección de Lázaro de José de Ribera, San Francisco en oración de Francisco de Zurbarán o el retrato Ferdinando Brandani de Velázquez, adquirido con fondos propios. Junto a ellas, destacan donaciones decisivas, como las realizadas por Plácido Arango, fundamentales para el crecimiento del Prado en este periodo, o el legado Jordan, que ha contribuido de forma notable a áreas como la pintura y las miniaturas.
La exposición subraya también el papel del micromecenazgo y de la Fundación Amigos del Museo del Prado, visibles en incorporaciones como el Retrato de niña con paloma de Simon Vouet o el Oratorio de san Jerónimo penitente, cuya adquisición contó con apoyo colectivo. Estas piezas ejemplifican nuevas fórmulas de implicación social en la construcción de la colección y la voluntad del museo de abrir sus procesos a la ciudadanía.

El recorrido se amplía con la consolidación de núcleos específicos, como el dedicado a mujeres artistas, representado por obras de Sofonisba Anguissola, Rosa Bonheur, Rosario Weiss o María Blanchard, o la colección de fotografía, que documenta tanto la historia de los edificios del Prado como las primeras reproducciones de sus obras maestras. A estos ámbitos se suman los fondos de dibujos, estampas, cuadernos de artistas, libros y documentos de archivo, que permiten acceder a los procesos creativos y a la historia intelectual del museo.
La exposición concluye con una revisión de otras áreas clave de la actividad del Prado en el siglo XXI: la acción editorial, representada por la exposición de todos los libros publicados desde el año 2000; la labor desarrollada por las Áreas de Restauración, Educación y el Centro de Estudios; y la evolución de las estrategias de comunicación y relación con los públicos, vinculadas a la creciente proyección nacional e internacional del museo. A través de material gráfico y audiovisual, “Prado. Siglo XXI” ofrece un recorrido por el proceso de transformación vivido por el Museo Nacional del Prado en los últimos veinticinco años, poniendo de relieve la ampliación y diversificación de sus formas de relación con la sociedad. El proyecto muestra cómo la institución ha incorporado nuevos lenguajes y canales para explicar su trabajo, facilitar el acceso al conocimiento y reforzar un vínculo más directo y continuado con sus visitantes.
Los contenidos audiovisuales de la exposición, que han permitido ampliar, enfatizar y profundizar en determinados aspectos, han sido desarrollados con la colaboración de Samsung, socio tecnológico del Museo Nacional del Prado. Además, en el marco de esta exposición y como gran novedad, el Museo y Samsung presentan ‘Photo Prado’, una innovadora aplicación móvil que permitirá a los visitantes llevarse un testimonio fotográfico personalizado de su recorrido por el museo. Gracias al uso de tecnología avanzada de inteligencia artificial, la app integra la imagen del usuario en algunas de las salas y obras más emblemáticas de la colección, sin interferir en los flujos de los visitantes e incrementando la calidad de su visita.

Esta exposición propone un recorrido desde la autoconciencia y la autoexigencia por el proceso de transformación que ha experimentado el Museo del Prado en el último cuarto de siglo. A través de las obras incorporadas a las colecciones en ese tiempo y de un conjunto de confrontaciones estadísticas, objetuales, fotográficas y documentales, presenta la historia de un museo activo y en movimiento: una institución viva y abierta que, apoyándose siempre sobre el trabajo desarrollado por varias generaciones de trabajadores, depositantes, donantes, legatarios, patrocinadores, patronos y la Fundación Amigos del Museo del Prado, entre otros, ha alcanzado en estos últimos veinticinco años, sin lugar a dudas los de su mayor desarrollo, una posición de referencia entre los grandes museos del mundo. Y ello no solo por la excelencia de sus colecciones, sino también por la eficacia de su gestión económica y administrativa, la solidez de su proyecto científico, su vocación investigadora y formativa, su impulso educativo, la línea editorial establecida, su proyección exterior y su pujanza comunicativa, así como por su recepción entre el conjunto de la sociedad, hacia la que la institución muestra una siempre comprometida apertura, aspirando a establecer una relación cada vez más estrecha y directa con sus visitantes.







