Brazos arriba de los palentinos esperando la lluvia de pan y quesillo en la Romería de Santo Toribiio

Una de las fiestas más singulares que se celebra en España esta primavera tiene lugar en Palencia, con motivo de la romería de Santo Toribio, una actividad eminentemente popular, bajo la mirada del Cristo del Otero, la impresionante obra de Victorio Macho, declarada de Interés Turístico Regional y que aspira a serlo de Interés Turístico Nacional.

Palencia cumplió este mes de abril con la tradición de la Pedrea del Pan y el Quesillo, dentro de la celebración de las fiestas de Santo Toribio del barrio del Cristo de la ciudad. La alcaldesa, Miriam Andrés, junto a miembros de la Corporación municipal, la alcaldesa infantil y representantes de distintas instituciones lanzaron, desde el balcón de la ermita, 4.500 bolsas de pan y queso en uno de los actos festivos más arraigados de la capital y que está declarado como Fiesta de Interés Turístico Regional.

Entrada de Santo Toribio en la ermita excavada en la roca. Al fondo, el Cristo del Otero de Victorio Macho.

La edil palentina subrayó que, de cara al futuro, uno de los objetivos es reforzar la proyección exterior de la fiesta para conseguir la declaración de Interés Turístico Nacional. En este sentido, comentó que hay en marcha una estrategia de comunicación con profesionales como Pedro Grifol, Hernan Dobry, Enrique Sancho, Pilar Carrizosa y Jesús Fernández Briceño que, hoy han podido disfrutar de ella y, que nos ayudarán a ampliar su difusión más allá de nuestras fronteras para conseguir los impactos nacionales que requiere este reconocimiento. «No ha defraudado. Cada vez son más los palentinos y palentinas que vienen a recoger su pan y queso. Y algo muy importante es que hay muchos niños y jóvenes, lo que garantiza la continuidad de la tradición» añadió la regidora.

Por su parte, Pilar Carrizosa, de Radio Libertad FM, aseguró que «la ocasión lo merece, porque es impresionante ver a toda una ciudad volcada con su tradición y cómo se transmite ese fervor también a los más pequeños». En términos similares se expresó el periodista Hernán Dobry Kuznetch, de Eco Medios-El Observador, quien reconoció su sorpresa: «No conocíamos nada y la impresión ha sido increíble. Es un símbolo que debería promocionarse mucho más, no solo en España».

La alcaldesa, Miriam Andrés, tras repartir más de 4.000 bolsa de pan y quesillo quiere que la Romería de Santo Toribio sea de Interés Turístico Nacional

Los actos comenzaron a las 11:30 h desde la iglesia de San Ignacio y Santa Inés subiendo en procesión hasta la ermita con la participación del grupo de danzas del barrio y la peña Santo Toribio que llevó en andas al Santo hasta el templo donde se ofició la misa. El calor que reinó durante la mañana contribuyó a que la participación ciudadana fuera masiva y es que aunque la pedrea dió comienzo a las 13 h, un buen número de palentinos y visitantes ya se disponía a coger buen sitio desde horas antes.

Quien se quedó sin su porción de pan y queso fue porque quiso, pues entre los puestos de dulces, juguetes y ropa de la Feria se encontraba la caseta de la Asociación de Vecinos, donde se pusieron a la venta 3.500 unidades al precio simbólico de 1,5 euros. Estas, junto a las que se lanzaron desde la ermita y las repartidas entre los diez colegios que recrearon la fiesta en sus aulas, sumaron un total de 10.100 bolsas. Un año más fueron elaboradas por voluntarios, profesionales y usuarios de la Fundación Personas Aspanis.

Lluvia de pan y quesillo bajo el Cristo del Otero de Victorio Macho

Explanada al pie de la ermita de Santo Toribio en Palencia con miles de visitantes

El viajero que llega a Palencia el domingo más cercano al 16 de abril (este año, el 19), debe aceptar un consejo de amigo: no hay que mirar solo al frente para admirar la belleza de la ciudad; también hay que hacerlo hacia arriba. Y no es solo por el impresionante Cristo del Otero, una de las figuras de Jesús más altas del mundo, sino porque desde sus pies están a punto de lloverte miles de bolsas de pan y queso… y habrá que competir por conseguir una.

Como toda buena fiesta castellana, ésta tiene un toque de drama épico. Cuenta la leyenda que Santo Toribio llegó a Palencia en el siglo VI para predicar contra la herejía priscilianista. Los locales, que en aquel entonces no estaban muy por la labor de escuchar, lo apedrearon y lo obligaron a refugiarse en una cueva en el cerro. Poco después, el río Carrión se desbordó inundando la ciudad. Los palentinos, viendo en la riada un castigo divino, subieron al cerro a pedir perdón al santo. Él, lejos de guardar rencor, los recibió con los brazos abiertos. Para conmemorar este «borrón y cuenta nueva», cada año se recrea el bombardeo… pero sustituyendo las piedras por algo mucho más sabroso: pan de pueblo y quesillo, generalmente del Cerrato. Participar en la pedrea es un deporte de riesgo moderado y mucha risa.

Los secretos de la “pedrea”

Detalle del retablo del altar mayor de la Catedral de Palencia

Se lanzan miles de bolsas que contienen el famoso pan y el quesillo. La gente pone paraguas del revés, bolsas de tela reforzadas y saltos dignos de la NBA. Pero el secreto está en la colocación: ni muy cerca del balcón (donde las bolsas pasan volando), ni muy lejos. Lo que hace amena a esta romería es el contraste. Tiene la parte solemne con la subida en procesión hasta el Cristo y la misa en la ermita excavada en la roca, pero luego estalla la locura colectiva. Es una fiesta donde el Ayuntamiento y la Peña de Santo Toribio se vacían los bolsillos (literalmente) para que nadie se vaya con el estómago vacío.

Además, las vistas desde el cerro son imbatibles. Ver toda la llanura de Tierra de Campos con el Cristo de Victorio Macho custodiando tus espaldas es de esas fotos que revientan Instagram. Un dato curioso: Aunque el nombre oficial es Romería de Santo Toribio, cualquier palentino dirá simplemente que va a «la pedrea». Es su forma de decir que el cariño, en esta tierra, se demuestra a base de pan y queso.

Fiesta de Interés Nacional

Tras la misa en honor de santo Toribio de Liébana, los romeros esperan la lluvia de bolsas con pan y queso que lanza la corporación municipal.

La Romería de Santo Toribio ya es Fiesta de Interés Turístico Regional, pero el salto a la categoría de Interés Turístico Nacional es el «título de grado» que Palencia busca con ahínco. No es solo una cuestión de orgullo (que también), sino de estrategia y reconocimiento. Hay muchas razones por las que esta fiesta merece —y busca— ese sello de calidad:

La singularidad absoluta (el factor «Solo pasa aquí»). Para ser Fiesta de Interés Turístico Nacional, el Ministerio exige que el evento tenga algo único. La «Pedrea de Pan y Quesillo» cumple este requisito con creces. No existe otra romería en España donde el acto central sea un «apedreamiento simbólico» con alimentos desde la base de una escultura monumental. Esa mezcla de leyenda del siglo VI, castigo convertido en perdón y lluvia de comida es una narrativa que no tiene competencia. La gente sabe que el pan y el queso son «sagrados». Rara vez se ve comida por el suelo que no sea recogida de inmediato. Existe un respeto implícito por el alimento que simboliza el perdón del Santo.

Museo dedicado a Victorio Macho en las entrañas del Cerro del Otero, en Palencia

El marco impresionante: El Cristo del Otero. El escenario es un pilar fundamental. La fiesta se celebra a los pies de una de las imágenes de Jesús más grandes del planeta (unos 20 metros de altura), obra del genial Victorio Macho. El valor artístico y paisajístico del cerro eleva la romería de una «fiesta de barrio» a un evento de relevancia monumental y estética.

Arraigo y participación masiva. Uno de los requisitos para este título es la antigüedad y la continuidad. La pedrea se celebra desde tiempos inmemoriales, manteniendo viva la esencia del «pan y el quesillo». La movilización es total: miles de palentinos y visitantes de provincias limítrofes llenan el cerro, demostrando que la tradición no solo sobrevive, sino que crece. Frente a las posibles críticas sobre tirar comida, Palencia responde con la tradición del «reparto». Históricamente, este acto era una forma de caridad y ayuda a los más necesitados. Hoy, el entusiasmo del público transforma el acto en un símbolo de abundancia compartida. No se tira comida para que se pudra; se lanza para que se comparta y se consuma allí mismo, en una merienda colectiva gigante sobre la hierba del cerro.

Arquitectura modernista en las calles de Palencia.

Convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional es como entrar en la «Guía Michelin» de los viajes en España, atrae a viajeros que buscan experiencias auténticas y tradicionales, lo que supone un aumento de ingresos para la hostelería y el comercio palentino. En un mundo globalizado, Palencia quiere reivindicar su identidad. Santo Toribio es, junto a San Antolín, el alma de la ciudad. Obtener este título es una forma de decir: «Estamos aquí, nuestra historia es fascinante y tenemos algo que el resto del mundo debería ver». En Santo Toribio, el entusiasmo es contagioso. Ver a miles de personas de todas las edades (desde niños en hombros de sus padres hasta abuelos que llevan 70 años subiendo al cerro) gritando y saltando por una bolsa de pan, demuestra que la tradición está viva. No es una representación teatral para turistas; es el pueblo reclamando su historia.

Bailes regionales en honor de Santo Toribio

En resumen, Palencia busca el título nacional porque la Pedrea de Santo Toribio no es solo una fiesta; es un espectáculo visual, un hito histórico y una muestra de generosidad que no tiene réplica en ningún otro rincón de España. Porque al final, lo que ayuda a que la fiestas sea Nacional no son solo cifras o datos históricos, sino el rugido de una ciudad que se reconoce en un trozo de pan y un poco de queso. Es ese instante de manos alzadas al cielo, de risas compartidas cuando una bolsa cae en el lugar más inesperado y de meriendas sobre la hierba que saben a victoria. En Palencia, la tradición no se guarda en una vitrina; se lanza al aire, se atrapa al vuelo y se celebra con el corazón.

Mucho más que ver

El Cristo Yacente del Monasterio de Santa Clara (conocido como las Claras) en Palencia es una impresionante talla de madera articulada del siglo XIV, famosa por su inmenso realismo y leyendas.

Palencia es una ciudad cómoda, «paseable» y llena de rincones que sorprenden al que no sabe: La Catedral de San Antolín (La Bella Desconocida): Es la tercera catedral más grande de España. Por fuera es sobria, pero por dentro es un museo viviente con obras de El Greco, una cripta visigoda (la de San Antolín) que hace viajar al siglo VII y un espectacular trascoro. El Cristo del Otero: Además de participar en la romería, hay que aprovechar para entrar en el pequeño museo a sus pies dedicado a su autor, Victorio Macho, quien está enterrado allí mismo. Las vistas de la ciudad son la mejor postal. Calle Mayor: Es una de las calles comerciales sopladas (con soportales) más largas de España (casi un kilómetro).

Es perfecta para ver los edificios modernistas, como el Palacio de la Diputación, y disfrutar del ambiente. Iglesia de San Miguel: Su torre calada es icónica. Cuenta la leyenda que aquí se casaron el Cid Campeador y Doña Jimena. Y también, El Canal de Castilla: Una obra de ingeniería del siglo XVIII que atraviesa la ciudad. Dar un paseo por sus orillas al atardecer es el plan más relajante que se puede hacer. La Huerta de Guadián es un parque precioso donde se encuentra la Ermita de San Juan Bautista, una joya del románico que fue traída piedra a piedra desde un pueblo que iba a ser inundado por un embalse.

Las calles y plazas de Palencia están salpicadas de esculturas, como esta dedicada a las aguadoras.

Y entre visita y visita, vale la pena recordar que Palencia es la ciudad de las estatuas curiosas. Mientras se camina, uno se encuentra con «La Gorda» (en la Calle Mayor), el monumento al «Aguaducho» o el «Monumento a los Mayores». Son puntos de encuentro perfectos para los locales y le dan un aire muy humano a la ciudad.

No solo pan y quesillo

El pan y el queso son el alma de la romería, pero Palencia es un «tesoro oculto» que se disfruta con los cinco sentidos (y con buen apetito). Si el pan y el queso han abierto el apetito, hay que prepararse para la artillería pesada de la cocina castellana: El Lechazo Churro es el rey absoluto. Asado en horno de leña, con su piel crujiente y carne que se deshace. Busca un buen asador y prepárate para la gloria. Menestra Palentina: Olvida la verdura aburrida. Aquí las verduras se rebozan una a una antes de guisarlas. Es un plato laborioso, artesanal y contundente. Patatas a la Importancia: Un clásico humilde pero espectacular: rodajas de patata rebozadas y cocinadas en un guiso con azafrán y vino blanco. Morcilla de Villada: Es famosa por ser de cebolla, muy cremosa y con un toque dulce. Un imprescindible en cualquier tabla de embutidos.

Historia y turismo

Espectacular cuadro de El Greco dedicado al Martirio de San Sebastián que se conserva en el Museo de la Catedral de Palencia

Las primeras referencias que tenemos de esta romería datan del Siglo XIV. Juan de Arce realiza lo que será la primera alusión a esta romería como voto de villa «de muy antiguo» que servía para pedir un buen año de lluvia. En los siglos XVI-XVII el hambre y la pobreza fuerzan a la ciudad a transformarlo en una fiesta que se centrase en «dar limosna» de pan y queso a los más pobres. En el S. XVIII entre 1708 y 1715, la rogativa de Santo Toribio, pasa momentos delicados por desavenencias entre el Concejo y el Cabildo y, tras varias reuniones, se llega al acuerdo de que los gastos profanos, entre los que destaca el ocasionado por el reparto de pan y queso a romeros y pobres, correrán a cargo del Municipio y los divinos, en lo que tocare al culto y dentro de la ermita, por cuenta del Cabildo.

Pasos de Semana Santa que se pueden visitar en la visita a la capital palentina.

Para dar un mayor realce, el Ayuntamiento encarga a los talleres de Medina de Rioseco, una nueva imagen de Santo Toribio y el 16 de abril de 1716, la nueva efigie sale de la Catedral para cumplir el voto de villa hasta la ermita de Santo Toribio (esta imagen es la que actualmente procesiona).

En torno a 1860 el Ayuntamiento refuerza la leyenda de Santo Toribio, ofreciendo este nombre a la Compañía del Norte para alguno de los trenes que acababan de llegar a la ciudad. Además, el hambre y la crisis económica convierten la fiesta en algo singular, ya que se comienza a realizar la «pedrea» desde el balcón de la casa-ermita de Santo Toribio en la ladera del Otero.

Las calles de Palencia son un remanso de paz alejadas del bullicio de las grandes urbes. Entrada con soportales a su Plaza Mayor.

En 1938, con una fiesta en decadencia, el Régimen decide introducir las bolsas como un elemento más de propaganda. y llegamos a los años 60, en los que el alcalde, Juan Mena de la Cruz, decide acercar posturas con Victorio Macho con honores tras el exilio y consigue que la figura del Cristo fuese aceptada entre los palentinos.

En 1976, Vecinos del barrio del Cristo, apoyados por el párroco Don Lucinio, aprovechan la romería para reivindicar mejoras en el barrio. Un hito que supuso que el Cabildo Catedralicio modificara la procesión y la rogativa de la fiesta y que se gestara la Asociación de Vecinos del Cristo; la primera de la ciudad. Y ya en 1981 con Francisco Jambrina al frente del Ayuntamiento de Palencia, se solicita a las peñas que participen en la rogativa ante la falta de porteadores.

La alcaldesa de Palencia, miembros de la corporación municipal y periodistas comparten la fiesta de Santo Toribio.

La peña de San Antolín será la protagonista. Vecinos del barrio deciden impulsar su propia peña, la de Santo Toribio, que inaugurará su actividad con la bendición y romería de 1982. Y así tas el éxito popular de esta fiesta, la Romería de Santo Toribio es declarada en 2005 Fiesta de Interés Turístico Regional.